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Prismatik

Ignorando el hecho de que no les avisé para nada sobre el cambio de nombre del blog, les tengo una entrada más o menos explicativa. Tengan en cuenta lo que se encuentre en negrita, solo así sabrán de que hablo.


Su respiración agitada sobresaltaba a las personas detrás de aquel grueso vidrial que les impedía ayudarle, pero no le preocupaba mucho. Dirigió una mirada profunda a su rival, que yacía con una pose victoriosa. Le resultaba gracioso el hecho de que su sentido protector lo haya llevado a esto. Ya muchos le habían advertido lo que pasaría, y en si mismo lo sabia, pero no podía dejar a otros ganar solo porque si.

– Esto iba a terminar así de cualquier forma. ¡Eres inútil! No puedes defenderte siquiera de mi. Solía respetar tu forma de ser, pero son tiempos distintos. No entiendo porque no cambias.-

– Quizás porque… Porque yo si tengo… A-Amigos de verdad…- Dijo soltando una risa débil  antes de recibir una patada en el rostro.

– Aun estando al borde de tu muerte sigues con tus patéticas bromas.-

– Ya es muy tarde para volver atrás. ¿Esperabas que me quedara aguardando pacientemente un final feliz?- Sus piernas temblaban de dolor y debilidad de lo malherido que estaba.- Jeje… Al final yo siempre seré el mejor entre nosotros dos…-

Se levanto una ultima vez para luego ir corriendo hacia su rival, esperando solo morir de una vez.


Ambos estaban sentado en la punta de la montaña nevada esperando la llegada del atardecer tan aclamado por los dos. Una suave brisa provoca un pequeño desliz en la piel del dúo, pero no parece preocuparles.

– Y, ¿que piensas hacer?- Dice su compañero y amigo, con un rostro preocupado.

– Uh, no lo se. Espero tampoco saberlo, pues mi viaje seria aburrido.- Su amigo le sujeto con fuerza el brazo de forma amigable para luego recostarse en su hombro. La nostalgia de ambos al recordar los momentos pasados volvía mas difícil la decisión del menor, pero no cambiaría en nada su fortaleza de alma.

– Sabes que no puedo llevarte conmigo.-

– Eso es lo mas triste de todo…- Sus rostros se sonrojaron fuertemente, pero uno de ellos lloraba a cantaros, porque sabia que mentía al decir que volvería.


Por un momento, algo le permitió volver en si y tomar control de su cuerpo. Se encontraba por alguna razón agitado y malherido, con un cuchillo en la mano. Un viejo compañero te observa con dolor. A su lado hay un guante gigante. Observas que tu cuerpo está lleno de heridas y que en tu mano ya no llevas tu arma habitual, sino un cuchillo.

Tu amigo se nota agitado. Su mirada, cubierta de lágrimas, demuestra el dolor que pasa de forma emocional. Su blanquecino cabello se torna de color negro por instantes.

Intentas recordar que estás haciendo, pero algo te nubla la visión; dejándote sin control de tu cuerpo.


 Intentas ganar. No puedes. Lo intentas de nuevo. Fallas nuevamente. Sientes que debes intentarlo de nuevo. Fallas otra vez. Intentas cargar tu partida, pero no puedes. Logras crear un punto de guardado, pero no servirá de nada en este punto.

Logras ver a lo lejos a tu amigo, saliendo dolorosamente de la habitación. Intentas correr a su lado, pero algo te lo impide. No llevas nada en mano, pero sientes más peso encima. Tu caminata se vuelve más lenta.

Por instantes te desvaneces y logras ver a la otra parte. Intentas atacarle, pero ha reunido suficiente fuerza. ¿Por qué atacar? Es solo un viejo amigo. Te ayudó a cumplir tu objetivo, a ser el campeón que eres ahora. Pero su mirada dice algo más.

Algo te hace sentir que fuiste engañado. Le ofreciste el control, pero no recuerdas cuando.


Estás en tu asiento, escribiendo en tu libreta porque no tienes nada más que hacer. Una chica rubia y de ojos azules se te acerca dándote la mano y le das un beso en cada mejilla. La profesora le ordena sentarse, por lo que no aguantas la risa y das una escandalosa carcajada. La profesora te ordena que salgas del salón, a lo que ofreces una mirada de molestia.

Tomas tu mochila y sales sin oponerte. Te sientas en el banquillo, pero recuerdas que puedes hacer algo mejor. Además, faltaba media hora para el recreo, un refrigerio no haría daño. Te levantas y vas corriendo lo más sigilosamente posible a la cafetería. Al terminar de bajar los 4 pisos por las escaleras, recuerdas que a tu lado hay un ascensor. Te sientes completamente estúpido por ello.

Entras a la cafetería y pides unos donuts de arequipe y una Coca. La señora que te atiende te da una mirada de arriba a abajo, dándote un poco de mal rollo:

– Ehhhhhhh… Sé que soy irresistible, pero tampoco se sobrepase, madame.- Dices antes de guiñarle un ojo en forma de broma. En realidad lo dices para molestarla y deje de mirarte, pero solo se da vuelta y se marcha a la cocina.

Te llevas tu comida a la mesa y le das un mordisco gigante a un donut, pero toda la crema te cae en la sudadera. Parece que la vida te va en contra, pero recuerdas que puedes cambiarla automáticamente. La crema ha manchado la estrella, pero supones que se puede limpiar. Miras por la ventana y ves a un chico algo alto, con tez blanca y cabello blanco, ojos azules y sudadera azul hablando con una pequeña amiga.

Te parece familiar de alguna parte.

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3 comentarios sobre “Prismatik

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